Imagínese esto: la hora dorada inunda un espacio, tiñendo cada rincón con un resplandor cálido y mágico. Los cócteles brillan como azúcar hilado, la luz se derrama sobre una terraza adornada con constelaciones de pulicaria, y las cucharas hunden su promesa en trifles de frambuesa. Este no es un sueño, es la realidad vibrante del Orangery en Teffont House, el…
